Cuando la Virgen vino a nuestra casa

El pasado domingo, 21 de agosto, la Virgen Inmaculada de "Madre Ven" nos regaló una jornada preciosa, llena de luz, de esperanza, y del cariño de Madre que solo Ella sabe darnos.

En este peregrinar desde Éfeso, después de visitar Zaragoza, Covadonga, Santiago, Zamora, Guadalupe... ha llegado a Sevilla, a nuestra casa, la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, donde como Madre, ha venido a sanar nuestros corazones heridos.

La recibimos todos los jóvenes, entre cantos de alabanza y bendición, con la sed de Dios que Ella nos ha enseñado. Rezamos juntos el santo rosario, a una misma voz, y desde el medio día estuvimos en oración íntima muy cerquita de Ella. A sus pies le hemos puesto todos nuestros miedos, inseguridades, tristezas, alegrías e ilusiones, para que siga intercediendo por nosotros, y nos proteja bajo su manto.

Tras rezar las vísperas donde proclamamos el Magníficat y nos consagramos a ella, celebramos la eucaristía, una eucaristía muy especial. Compartimos todos, en comunidad, el profundo amor que sentimos hacia nuestra Madre. A pesar de las mascarillas y la distancia de seguridad, sentimos la unión y el abrazo de los hermanos.

En la adoración al Santísimo, nuestro Adoremus, redescubrimos la Fe de María. ¿Qué hubiera pasado si ella hubiese dicho que no? A oscuras en el templo, con la luz puesta en nuestra Madre, abrimos lo más secreto de nuestro corazón, lo más profundo y escondido, para entregárselo como hijos suyos. Vivimos este momento tan íntimo pidiéndole que nos siga guiando. María Inmaculada, la nube de nuestro desierto, que proteja nuestra marcha, que nos lleve hasta su Hijo.

Dios nos sorprendió con otro regalo más al final de la noche. Acompañamos a nuestra Madre a San Juan de Aznalfarache, a la casa de Cursillos de Cristiandad, donde con sus jóvenes pudimos hacer una oración de despedida muy especial. Con la ciudad a los pies, desde el mirador, Sevilla recibió la bendición de la Virgen, y nosotros, le ofrecimos, antes de despedirnos, nuestras palabras más sinceras y un canto desde el corazón: ¿Cómo es que la Madre del Señor viene a mí? María, bendita María, Tú has creído la Palabra del Señor. Allí nos despedimos de Ella, en la capilla de Cursillos, delante de su Hijo, mirándose mutuamente.

Esta jornada ha sido como una auténtica caricia de nuestra Madre, que hemos recibido a través de todo el equipo de Madre Ven y de todos los que quisisteis vivir este día con nosotros. Así recordamos que Dios nos ha llamado a todos, a cada uno por nuestro nombre, para ser testigos de su amor, pero siempre a través del Sí de María, porque todo comenzó con su Sí.